Leyendas sobre la Alhambra
Sobre el nombre "Alhambra"
El nombre con el que se conoce este monumento, Alhambra, procede de la voz musulmana: al-Gal'a al-Hamrá, que significa "La Fortaleza Roja".
La nota curiosa viene cuando nos enteramos de que existe la certeza de que la Alhambra "se elevaba blanca y brillante"... Así pues: ¿Por qué era conocida por su color rojizo?
La razón más aceptada es la dada por el escritor Ibn Al-jatib, que cree hallar el motivo en su apresurada construcción. Debido a esta prisa, eran muchos los obreros que intervenían, y dícese que el color rojo provenía de sus hachas brillando al sol. Así mismo, por la noche se encendían fogatas para iluminar los trabajos de construcción, lo que también daba un aspecto rojizo para quien la observase desde la Vega de Granada.
Sala de los Abencerrajes
El nombre de Abencerrajes perteneció a una muy importante familia de la nobleza de la época, que tenían sus viviendas en el interior de la Alhambra.
Dice la leyenda que esta familia tenía como rival político a otra llamada Zenetes, los cuales decidieron acabar con sus oponentes mediante una conspiración...
Así, inventaron una relación amorosa entre la sultana y uno de los Abencerrajes, para conseguir despertar los celos y la ira en el sultán...
El sultán, cegado por la consternación, y en ocasión de una fiesta en la sala que lleva el nombre de la familia, hizo decapitar sobre su fuente a los 37 caballeros que llevaban el nombre de Abencerrajes.
Se cuenta que el color rojizo que aun hoy día se puede contemplar en la taza de la fuente, y en el canal que lleva su agua hasta la Fuente de los Leones, se debe a las manchas de la sangre de los caballeros asesinados...
Aunque en este caso es difícil discernir donde acaba la historia y donde empieza la leyenda...
Los azulejos de Mexuar
No se trata ésta de una leyenda, si no de un hecho históricamente demostrado.
En la puerta a la Sala de Mexuar, entrada a los Palacios Nazaríes, existía un azulejo en el que podía leerse: "Entra y pide. No temas pedir justicia, que hallarla has."
Se explica esta frase por la cualidad judicial que poseía el sultán en su época, y conocidas eran sus justas e imparciales sentencias.
El reloj de sol
Otra de las leyendas a las que se les atribuye una componente científica de gran peso es la que sigue...
La Alhambra, toda en sí, puede considerarse como un gigantesco reloj de sol. Esto se debe a que a la hora del mediodía solar todas las dependencias quedan divididas justamente por la mitad debido a la sombra.
De la misma manera que en un reloj solar se puede seguir el paso de las horas por el corrimiento de la sombra, en la Alhambra es posible hacerlo en cada una de sus estancias...
Este hecho es más fácil de observar en invierno, debido a la baja órbita del Sol.
La Silla del Moro
Más allá del Generalife (cuando se observa desde la Alhambra), puede observarse una desnuda y pelada colina que está coronada por unas ruinas.
Aún hoy día esta colina es conocida como La Silla del Moro.
Esto se debe a que, debido a una insurrección en la Ciudad de la Alhambra, el rey Boabdil (último gobernante de la Granada musulmana) tubo que buscar refugio en este monte. Fue desde allí donde se sentó tristemente a contemplar su amotinada Alhambra...
El Suspiro del Moro
Tras arrebatar el último reducto de la dominación musulmana a Boabdil, el rey moro y su séquito fueron desterrados de Granada y les fue cedido un pequeño territorio en las áridas Alpujarras, donde aguantarían aún unos años.
La caída de Granada se debió a la despreocupación de Boabdil por la defensa de Granada y su afinidad a las fiestas y al ocio. Es en el momento de la entrega de la llave de la ciudad a los Reyes Católicos, cuando Boabdil rompe a llorar, y será su propia madre quien le dirá: "No llores como mujer lo que no has sabido defender como hombre".
Camino a su destierro, Boabdil no osó girar la mirada hacia Granada, y sólo cuando estuvo a mucha distancia, sobre la colina conocida por El Suspiro del Moro se detuvo y observando por última vez su palacio... suspiró.
La Puerta de la Justicia (1)
Cuenta la leyenda que tal era la magnificencia de esta entrada a la Alhambra, que se aseguraba que no existía caballero que, montado en su cabalgadura y portando su lanza, consiguiese tocar con la punta de ésta la mano esculpida en lo alto del arco exterior...
Tan convencidos estaban de ello, que aseguraban que quien consiguiese tal proeza conquistaría el trono de la Alhambra.
Cabe tener en cuenta que esta era una leyenda muy extendida debido a la condición de "inexpugnable" de la que siempre gozó la Alhambra, y la cual hoy día nadie pone en duda.
La Puerta de la Justicia (2)
Siempre se ha hablado de la dedicación puesta en la construcción de la Alhambra, tanto en lo decorativo como en lo arquitectónico.
Se asegura que tan sumamente recia era su construcción que, aún recibiendo el ataque de mil ejércitos enemigos, jamás caería.
Así pues, el día que la llave del arco interior de la Puerta de la Justicia y la mano de su arco exterior se unan... ¡habrá llegado el fin del mundo!, pues esto significará que la Alhambra está en ruinas.
El Soldado encantado
Existió en la antigüedad un estudiante de Salamanca que durante el verano se dedicaba a viajar y, cantando al son de su guitarra, conseguía fondos para pagar sus estudios.
Llegado a Granada, y celebrando la víspera de San Juan, reparó en la presencia de un extraño soldado ataviado de lanza y armadura.
Preguntándole a éste por su identidad, el soldado dijo estar padeciendo un encantamiento desde hacía 300 años: un alfaquí musulmán le conjuró a montar guardia al tesoro de Boabdil por toda la eternidad, dándole sólo licencia para salir de aquel escondrijo una vez cada 100 años...
Preguntó el estudiante cómo podía ayudarle. El soldado le ofreció la mitad del tesoro por el custodiado si le ayudaba a romper el hechizo: se precisaba de un sacerdote en ayuno y una joven cristiana. La joven no fue difícil de hallar, pero el único cura que encontró era un obeso adorador de los manjares, por lo que mucho le costó convencerlo, y sólo con la promesa de riqueza aceptó ayudarle.
Subieron aquella noche hasta el escondite, sito en la Alhambra, portando una cesta de comida para que el párroco saciase su gula una vez acabado el trabajo. Llegado ante una torre, las piedras de su pared se abrieron a la orden del soldado, dejando al descubierto una estancia con el formidable botín...
Una vez dentro, y mientras realizaban el sortilegio, el hambriento cura se abalanzó sobre la cesta y devoró un grueso capón. De repente estudiante, muchacha y sacerdote se encontraron en el exterior de la torre y la entrada sellada... ¡el hechizo se había roto demasiado pronto!
Fue así como el soldado perdió la oportunidad de escapar de tan cruel castigo, y los demás sus sueños de riquezas. Aunque al estudiante le pesaban los bolsillos, lo que le permitió vivir en paz y amor con la bella joven cristiana...

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