Bolita era un perro dogo de color negro, con las patas delanteras blancas. Todos los dogos tienen la mandíbula inferior más saliente que la superior y los dientes de abajo montan sobre los de arriba. Pero Bolita tenía la mandíbula inferior tan saliente que se le podía introducir un dedo entre las dos hileras de dientes. Tenía el hocico muy ancho, los ojos muy grandes y brillantes, y sus dientes y colmillos asomaban siempre. Parecía un árabe. Era muy manso y no mordía, a pesar de ser fuerte y muy terco. Cuando agarraba algo entre los dientes, lo apretaba mucho y quedaba colgado como un guiñapo. No había manera de desprenderlo; parecía enteramente una garrapata. Una vez que lo azuzaron contra un oso, lo agarró por una oreja y quedó prendido como una sanguijuela. El oso pataleó y zarandeó a Bolita de un lado para otro, pero no pudo desprenderlo. Entonces, se tiró de cabeza al suelo, con objeto de aplastarlo, pero Bolita no soltó la oreja del oso hasta que le dieron una ducha de agua fría.




A partir del texto anterior realizamos un descripción parecida.

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