LA CADENA En la mezquita de Córdoba había una cadena grande, de oro, la cual daba vueltas sobre sí misma de lo larga que era,aunque estuviera colgada del techo. Se dice que los obispos que allí residían la cortaban cada vez que tenían que hacer arreglos, comprar cosas… Era para las necesidades de aquellos católicos. La cadena de la mezquita ahora mismo mide poco y no es tan espectacular, ni siquiera llega al suelo. (Buscar dónde está)


LA IMAGEN La mezquita está adornada con imágenes católicas. Una de ellas es una misteriosa pintura do

nde el rostro de Jesús es lo más esencial. Se dice que si le miras fijamente a los ojos, Jesús te hará una seña, la cual significa que te dará la oportunidad de pedir un deseo. Desde que mi bisabuela se lo contó a mi ama, siempre que pasaba por aquella imagen miraba, siempre, con la esperanza de ser la afortunada de poder pedir su deseo.

LA LEYENDA DEL ANGEL Autor: Jesús Arce ©

Cuenta El Bayan al Mugrib de Ibn Idhari que era costumbre de guerra expropiar a los pueblos rendidos por capitulación la mitad de toda iglesia que poseían, tal y como ocurrió, por ejemplo, con la Iglesia de Damasco. Cuando conquistaron Córdoba, los musulmanes expropiaron a los mozárabes la mitad de la Iglesia Mayor (Kanisa Kabira) consagrada a San Vicente, transformando aquella mitad en Mezquita, quedando el resto en poder de los cristianos. Conforme se fue acrecentando el número de musulmanes de Al-Andalus, la mezquita resultó insuficiente por lo que Abd al Rahmán Ibn Mu´awiya, el Dajil (Inmigrado), convocó a los mozárabes cordobeses y les pidió la venta de la parte que poseían de la iglesia mencionada, remunerándoles por ello con una fuerte suma, permitiéndoles, además, la reedificación de las iglesias de las afueras de la ciudad que habían sido demolidas en tiempos de la conquista. Corría el 169 de la Hégira (14 de Julio de 785 d.J.) cuando se dieron comienzo a las obras de la que, con el tiempo, habría de ser la mayor mezquita de Occidente.

Así la mezquita aljama fue construida con la finalidad de dar cabida a la cada vez mayor población cordobesa. Sin embargo, la leyenda nos habla de otro motivo para la construcción de tan famoso templo. Es la leyenda del Angel.

En el palacio de Al-Ruzafa, Abderramán I dormía plácidamente. Suavemente, de forma apenas perceptible, su semblante se fue alterando sucesivamente. A veces se percibe una sonrisa en su rostro, otras, sin embargo, se contrae en gestos de espanto. Su respiración se agita. El demonio ha hecho presa de su espíritu y ante su vista desfilan los episodios sangrientos de su reinado. Le rodea un mar de sangre y que parece ahogarlo sumergiéndole en el abismo. Grita, pero nadie le socorre. Solo un eco burlón contesta a sus desesperados llamamientos. Parece que no hay salvación. De pronto se ve arrastrado por una multitud informe que le rodea y le arrastra al suplicio. Su poder ha desaparecido, su majestad no es más que una sombra. El insulto y la injuria se clavan en su alma. Siente como le arrastran, le golpean y le escupen, empujándole hasta la margen del río donde le aguardan dos palos cruzados trabados en forma de cruz. Una ola de terror parece arrastrarle y entre una atroz agonía siente como unos clavos agudos se van introduciendo a golpe de martillo en las palmas de sus laceradas manos y en sus destrozados pies. Simultáneamente sus ojos espantados contemplan su propia cabeza clavada en una lanza, llevada
por las calles de Córdoba y mostrada en los muros de su palacio como trofeo. ¿Cómo es posible aquello? ¡Él es el emir independiente, soberano absoluto, dueño de vidas y haciendas!

De repente un súbito resplandor le ciega. Una dulce voz, parece llamarlo:

-¡Emir-Al-Mumenin, Príncipe de los creyentes!.

Poco a poco abre sus ojos y ve ante él la esbelta figura de un ángel. El Emir sorprendido quiere levantarse pero no puede. Los clavos del tormento aun le sujetan y apenas puede mover sus descoyuntados brazos. Sin embargo un extraño bienestar parece invadirle mientras contempla absorto la celestial aparición.

¡Emir soberano de este imperio, que es en la tierra como un adelanto del paraíso que Dios reserva para los fieles! Alá te libró en Damasco de la rebelión de los abbasíes para que tu estirpe no sucumbiera, y te dio este trono con todo su poder y riqueza; su omnipotencia te amparó en los campos desolados cuando huías de tus inclementes enemigos y te acosaba el hambre, el hermetismo de las puertas que ante ti se cerraban y la amenaza del veneno se cernía siempre sobre la leche de camella con que te alimentabas. Hubieras sido festín de chacales en el desierto y eres tú un chacal que dispones a tu capricho de la existencia de los demás. ¿Qué hubieras hecho sin la ayuda de Dios? ¿Qué has dado tú, en cambio al Dios único, generoso y magnánimo? ¿Qué hiciste en penitencia para que el enojo divino no te entregue al demonio y a su encrespada turba de asesinos y verdugos? El poder se pierde en un momento, vana ilusión, que crece cuando crece la arrogancia. Devuélvele a Alá sus favores consagrándole una obra digna de su grandeza, contra la que nada puedan los siglos, que cante a perpetuidad la gloria infinita de Dios por la voz trémula de los creyentes y por la sorpresa de sus ojos frente a tan singular maravilla, asombro y orgullo de las generaciones venideras hasta el fin de los tiempos.

La noche avanza y la claridad del alba empieza a dibujarse en las celosías de los amplios ventanales. El emir se incorpora con trabajo. Mil ideas confusas se debaten en su cerebro, y los miembros le duelen de aturdimiento y cansancio. Poco a poco se recobra. Se asoma a la ventana y recibe el tonificante frescor de la mañana. Cruza las manos, extiende los brazos y musita una oración. Luego, erguido y gallardo, promete:

-¡Tal será la obra que te consagre, Dios único y legítimo, que el mundo todo le tendrá envidia y dominará a los vientos y vencerá a los días infinitos!

Tal vez sea solo una leyenda, una historia fruto de la fantasía de un poeta.... o tal vez no. La mezquita sigue asombrando al mundo y sigue siendo el corazón vivo de una ciudad que un día fue la joya más preciada. Una obra así, no cabe duda, solo pudo ser fruto de un sueño....

Pero hoy quiero hablaros de la Torre de la Malmuerta que encierra bajo sus muros una leyenda que ha ido pasando de generación en generación a lo largo de los siglos y que aquí os voy a contar.

História del monumento: Torre de Malmuerta

Cerca de la Plaza de Colón, la torre albarrana de la Malmuerta, se envuelve en la leyenda. La tradición popular asegura que el nombre de la torre se debe a la muerte de una noble dama cordobesa a manos de su marido celoso. Cuenta la leyenda, que el nombre de la torre viene de un caballero del rey que en un arrebato de pasión mató a su esposa y al amante de ésta. Como castigo ejemplar se le condenó a construir esta torre que le debía servir hasta su muerte de prisión. Al margen del mito, esta torre, que fue edificada sobre una construcción islámica anterior, se levanta en el siglo XV. Se halla unida a la muralla a través de un arco de medio punto, bajo el que puede apreciarse una leyenda inscrita con datos alusivos a su construcción. En el
interior, diversas escaleras conducen al adarve y, más arriba, a la única sala del edificio, con bóveda y abierta al exterior mediante saeteras.

De planta octogonal u ochavada, la torre se apoya en un arco que corta la muralla que va a descansar en la Puerta del Rincón. Bajo el arco se pueden observar las armas reales y una inscripción casi borrada que ha dado pie a una de las leyendas existentes sobre esta torre. Dicha leyenda que se detalla en el libro "Paseos por Córdoba" establece que si un jinete pasando bajo el arco al galope fuera capaz de leer toda la inscripción, en ese preciso instante la torre se derrumbaría y de sus entrañas saldría un fabuloso tesoro que sería propiedad del afortunado lector.

La torre es maciza hasta la altura del arco pero a partir de él es hueca, albergando unas estancias desde las que parte una escalera de acceso a la plataforma.

Perdida su función defensiva se utilizó como prisión para nobles. Después, ya en el siglo XVIII, el sabio cordobés D. Gonzalo Antonio Serrano realizaba sus observaciones astronómicas desde ella.

En el año 1951, el alcalde Alfonso Cruz Conde promovió la creación de un pequeño museo dedicado a los cordobeses que habían participado en el Descubrimiento de América. Este museo fue inaugurado el 12 de octubre de ese año.

La torre de la Malmuerta

Primero hagamos un poquito de historia y ubiquemos la Torre en su época, describiéndola brevemente. La Torre de la Malmuerta fue construida en el siglo XV, concretamente entre 1406 y 1408 por mandato de D. Enrique III de Castilla. Fue por tanto construida en la época cristiana, pero la torre es de un marcado estilo mudéjar. La Torre estuvo unida a la muralla de la ciudad por un arco que aún se conserva. El interior de la misma consta de una única sala octogonal. A pie de calle hay unas escaleras para acceder a la sala y dentro de la misma, otras que acceden al piso superior, donde se decía que había una maravillosa vista de la ciudad de Córdoba.

Se trata de una torre albarrana (es decir, situada fuera de un recinto murado, con fines de defensa y atalaya), de estilo musulmán, que en su día sirvió de defensa de la Puerta del Rincón y del Colodro. Una vez que la función defensiva dejó de tener importancia, fue usada como prisión para nobles. Más adelante, en el siglo XVIII, el sabio cordobés Gonzalo Antonio Serrano, utilizaba la torre como base de sus observaciones astronómicas.

Actualmente, la Torre se ubica en la zona centro de Córdoba, junto a la Plaza de Colón, y colindando con la escuela de Relaciones Laborales.

Una vez echado un vistazo a la historia, pasemos a narrar la Leyenda que encierra bajo sus muros...

Dice la leyenda que hubo un caballero, ascendiente de los marqueses de Villaseca, casado con una bella dama. Ésta, con un corazón dedicado a los más pobres, salía de casa cada tarde para ayudar y prestar su colaboración en labores humanitarias en la ciudad, ofreciendo comida y ropas a las gentes más desfavorecidas de la sociedad. Este hecho se lo ocultaba a su marido, pues no veía bien que personas de alta cuna se codearan con la clase baja. El marido, sospechando de estas salidas continuadas de su esposa fue presa de los celos, creyendo que su amada salía cada día para encontrarse con un amante, un día la mató culpándola de adulterio. Más tarde descubrió la realidad, y sintiéndose avergonzado por tal acto contra una mujer de corazón tan noble, pidió perdón al rey, el cual le mandó construir una torre, cuyo nombre sería la Malmuerta (mal muerta), de esta forma sería recordada durante muchos siglos.

Lo cierto es que no mucha gente en Córdoba conoce esta leyenda, que ha sufrido modificaciones a través de los años, pues hay otra leyenda que dice que una mujer murió acorralada entre sus muros, pero la más popular es la que antes os he narrado.

Esta torre, aunque no suele ser un gran referente de interés turístico en esta bella ciudad que es Córdoba, está situada en una zona por la que pasan a diario muchas personas bajo su arco, siendo testigo mudo del paso de los años. Os pongo unas fotos de la torre hace unos siglos y otras tantas de la torre en la actualidad.

Leyenda del cristiano cautivo

En algún momento, probablemente antes de su colocación en la expansión de Almanzor, se talló un crucifijo de 17 cm en esta columna. También hay lo que parece ser los restos de una cadena. Podría ser que algún esclavo cristiano se encadenó a la columna (aunque podemos descartar la leyenda, la cual dice que un cautivo cristiano estuvo encadenado dentro de la Mezquita, lo cual sería en contra de las creyencias de los musulmanes). Hay referencias históricas a otras inscripciones semejantes tanto en la Ronda musulmana como en las cárceles de la Inquisición.

La leyenda del Cautivo Cristiano probablemente viene de la memoria histórica de un movimiento breve del siglo IX, cuando San Eulogio inspiró una resistencia contra el aumento de la Islamización de la sociedad cordobesa. Varios cristianos entraron en la Gran Mezquita y condenaron el Islám, provocando intencionadamente su propio martirio. Afortunadamente, estos hechos no eran la norma en la larga convivencia de las tres culturas. Sin embargo, la esclavitud existía tanto en los reinos musulmánes como en los reinos cristianos de aquel tiempo.

LEYENDAS DE LA MEZQUITA

El túnel entre Medina Azahara y la Mezquita

Desde siempre en Córdoba se ha hablado de la existencia de un túnel subterráneo que comunica la ciudad palatina de Medina Azahara con la Mezquita. Nunca se ha llegado a descubrir, pero la leyenda cuenta que por él accedía el califa directamente

a caballo a la Mezquita para sus rezos diarios.

La leyenda del ángel

Cuenta la leyenda que fue la celestial aparición de un ángel a Abaderramán I la que llevó al emir a ordenar la construcción de la mezquita. Tras una noche en la que su espíritu cayó preso del demonio, ahogado en un mar de sangre y desfilando ante su

vista los episodios más sangrientos de su reinado, la dulce voz del ángel le sacó de su tormento prometiendo:

-¡Tal será la obra que te consagre, Dios único y legítimo, que el mundo todo le tendrá envidia y dominará a los vientos y vencerá a los días infinitos!

El agua de las mujeres solteras

La tradición popular dice que las mujeres solteras que deseen casarse han de beber agua de la fuente de Santa María situada en el Patio de los Naranjos, y del caño que está más próximo al olivo.

La Puerta de la Leche

La tradición asegura que era el lugar donde las madres pobres dejaban a sus hijos para que familias con más recursos se hicieran cargo de ellos

Naves de Almazor

De estas naves, cubiertas hoy por bóvedas góticas, debieron de colgar las campanas de la Catedral de Santiago de Compostela que Almanzor tomó como botín de

guerra en la razzia del 3 de julio de 997.

Leyenda del buey que reventó

Al púlpito catedralicio del lado del Evangelio en la Capilla Mayor de la Mezquita Catedral y construído por el escultor francés Juan Miguel Verdiguier le nació una curiosa leyenda popular, que terminó por alcanzar un arraigo indiscutible entre la población. Aún hoy es relatada como curiosidad por los doctos o contada como verdad histórica por personas desconocedoras de la realidad.

Dice la vetusta leyenda que la imágen del toro del púlpito representa a un hermoso buey blanco que vivió en tiempos musulmanes (cuando se estaba construyendo la mezquita), y que su poderosa fuerza hizo que le obligaran a acarrear todas las columnas que se trajeron aquí para la obra. Fue tan enorme su esfuerzo, que al descargar la última columna cayó al suelo reventado, quedando muerto en el acto.

El legendario relato también alcanza a la imágen del águila del púlpito, donde es considerada como un ave carroñera que desciende de las alturas para apoderarse de las entrañas del noble animal fallecido.

Victor Hugo. Notre Dame de Paris Averroes

En ella, el autor de esta novela romántica que tiene también grandes rasgos de fantástica, narra una bonita escena casi mágica, de cómo Averróes entierra un rayo de sol (magma de la piedra filosofal) bajo una muy concreta columna de la Mezquita.

[…] ...Estos no son delirios – esta es la ley general de la naturaleza. — Pero qué hacer para arrancar á la ciencia el secreto de esta ley general? Y qué! esa luz que inunda mi mano, es oro! esos mismos átomos dilatados conforme á cierta ley, bastaría condensarlos conforme á otra cierta ley, para convertirlos en oro ! – Qué he de hacer?- Algunos han tenido la idea de sepultar un rayo del sol- Averroes – sí, Arerroes fue – Averroes enterró uno debajo del primer pilar á la izquierda del santuario del Alcoran, en la gran mezquita de Córdoba; pero no se podrá socavar el suelo para ver si ha salido bien la operación hasta de aquí á ocho mil años.

Leyenda de los comendadores de Córdoba (¡Una de cuernos!)

La Leyenda de los comendadores de Córdoba está basada en un hecho histórico ocurrido en 1448 en la ciudad de Córdoba. El protagonista fue Fernando Alfonso de Córdoba, caballero Veinticuatro de la ciudad, quién asesinó a su esposa y a los dos caballeros que la habían seducido,


El protagonista de la leyenda, Fernando Alfonso de Córdoba, yace hoy sepultado en la Capilla de San Antón Abad de la Mezquita-Catedral de Córdoba, habiendo fallecido en la ciudad de Córdoba en el año 1478.

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