El Mulhacén, perteneciente a Sierra Nevada en la Cordillera Penibética, con una altitud de 3.482 metros sobre el nivel del mar es la montaña más alta de la Península Ibérica. Su nombre parece proceder del penúltimo Rey de la Granada musulmana, Muley Hacén ó Muley Abul Hassan ó Abu-l-Hasan 'Ali, del que dice la leyenda que fue enterrado en la cima de la montaña a que da nombre. Se cuenta que la bella Isabel de Solís, una noble cristiana hija del comendador de Martos Sancho Jiménez de Solís, fue llevada cautiva a La Alhambra y el Rey se enamoraría o quizás encapricharía de ella tan perdidamente que se descuidarían los asuntos de gobierno. Isabel se convirtió al Islam con el nombre de Zoraya, que significando en árabe “Lucero del Alba”, nombre que pudiera ser una alegoría de su legendaria belleza. No se sabrá si la conversión y el matrimonio se hicieron por amor o por deseo de abandonar la cautividad o por pura ambición, pero lo que sí se sabe es que Isabel, ahora Zoraya, era la esposa favorita del Rey provocando con ello la enemistad de Aixa, madre Boabdil, el que sería último Rey Nazarí de Granada. Quién podrá saber si esta enemistad no fuera considerada un castigo divino porque azuzó las rencillas internas que desde tiempo atrás carcomían el Reino y ayudarían a acabar con la dinastía. Y quién sabrá qué pudo pensar Muley Hacén cuando su hijo Boabdil le arrebatara el trono y una vez huido de la ciudad de Granada combatiera unido a su hermano El Zagal al que era hijo y sobrino de ambos. Encontrándose enfermo y poco antes de fallecer, en 1.485 Muley Hacén, sin duda amargado y desencantado, nombra heredero a su hermano El Zagal, quien mantendría la pugna dinástica frente a Boabdil. Parece ser que a la muerte de su esposo la bella Zoraya retornó a su antigua fe y convirtió a sus dos hijos al Cristianismo, tomando ella seguramente de nuevo su antiguo nombre y mudando el de sus hijos por los de Juan y Fernando de Granada. La historia de la bella cautiva inspiró al granadino Martínez de la Rosa la novela “Doña Isabel de Solís, Reina de Granada” resultando extraño que su figura no se haya convertido en un icono de la narrativa española. En el Mulhacén no se han encontrado los restos de la tumba que se presume albergara el cuerpo del desdichado Rey pero sí pueden observarse los restos de las edificaciones que sirvieron de refugio durante la expedición científica del General Carlos Ibáñez e Ibáñez de Ibero en 1.878, gracias a la cual se completó el enlace de la red geodésica española con la de Argelia consiguiendo en su época un extraordinario logro científico. El éxito de esta operación geodésica así como su repercusión internacional llevaron a la Reina Regente María Cristina a conceder al General el título de Marqués de Mulhacén. Aquellos que a finales del siglo XIX sufrieron la intemperie y la soledad mientras realizaban sus trabajos geodésicos tal vez pensaran a veces en el Rey que se enamoró o encaprichó perdidamente de Isabel, Zoraya, y verían las luces del alba elevarse sobre una Granada lejana y perdida, por debajo de ellos, en la distancia y entre la bruma.

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